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Revista Digital

MENOPAUSIA Por Reyna Amaya

Primera parte (54 años)

Desde hace algunos años, uno de los propósitos más importantes de mi vida es, precisamente, aprender a vivir mejor, investigar, observar y aplicar. mi principal objeto de estudio y conejillo de indias soy yo, todo esto, para empezar a hablar de la menopausia y el delicado asunto de la edad… que para algunas mujeres (y hombres), es algo complejo.

En fin, hablo de este tema desde mi muy particular punto de vista y experiencia personal; de ninguna manera pienso que estén equivocados todos los estudios e investigaciones realizados a nivel mundial.

A mí al igual que a muchas otras mujeres, desde hace un par de años me empezó a ocupar el tema de la disminución en la producción de estrógenos, el climaterio y su repercusión en la calidad de la piel, los cambios de estado de ánimo, la falta de deseo sexual, la osteoporosis, etc., etc….  así que empecé a investigar un poco acerca del tema y a preguntarle a algunos médicos si valía la pena que me realizara un perfil hormonal. Finalmente, no me hice el perfil hormonal, dejé de preocuparme y empecé a ocuparme de «programar» mi etapa de climaterio y menopausia.

Como antecedente, quiero decirles que me siento física-emocional y espiritualmente mejor que a los 20 años, con más energía y resistencia que nunca antes, por lo que tomé la decisión de brincarme los síntomas supuestamente inherentes a la menopausia,  y simplemente dejar de tener menstruaciones, lo cual me indicará que ya pasé a la siguiente etapa y que es el momento de continuar sembrando salud para seguir cosechando salud y bienestar, así de simple.

Pienso que de pronto la edad es una justificación (de algunas personas) para descuidarse y argumentar que con los años ya nada es igual, que el deterioro es inexorable, que se pierde la memoria, la flexibilidad, que es imposible mantenerse en un peso respetable, en resumen, que empieza la edad de los «nunca» (esto del «nunca» es algo que existió y existirá siempre, antes de la primera vez que suceda algo) y  que los achaques se vuelven la constante en esta etapa de la vida…y más…  en mi caso particular (y por mi conveniencia personal) considero que no necesariamente tiene que ocurrir todo esto, y si, la edad física es un hecho absolutamente real, sin embargo, se puede ser muy viejo a los 20 o 30 años y muy joven a los 54, eso depende de cada una y cada uno.

Para mí, la fuente de la eterna juventud es el amor absoluto a la vida, el saber que la felicidad no tiene nada que ver con lo que se toca, que podemos estar contentos o tristes, enojados o ilusionados, etc.  y todo eso son estados de ánimo.  Una vez más, desde un punto de vista muy personal, estoy convencida de que la felicidad tiene que ver con la armonía interna y con el universo,  con la certeza de que todo lo que sucede siempre es lo mejor que puede suceder y nosotros somos los absolutos responsables de lo que “pasa”, acontece o sucede (como diría Adela Micha) en nuestras vidas y,  precisamente, ahí se encuentra el poder real.

Segunda parte (58 años)

Hoy, después de 4 años de haber comenzado a escribir este artículo y para dar fe de que así es, escribo esta segunda parte que contiene el desenlace de mi punto de vista y además decido compartir mi experiencia contigo.

Bueno, pues resulta que…un buen día, dejé de reglar y decidí ir de nuevo al ginecólogo (por cierto, un excelente médico, que me ha acompañado a lo largo de muchos años, de forma esporádica,  y que si a alguna de ustedes le interesa su nombre y teléfono, con mucho gusto se lo puedo proporcionar), en fin, aquí lo importante es que efectivamente no tuve síntomas de climaterio ni menopausia y por lo tanto, en ningún momento fue necesario tomar hormonas, simplemente dejé de reglar, fui al famoso doc, me hice un perfil hormonal y…..si! ya había trascendido esa etapa, gloriosa y saludable, tal y como yo elegí que fuera, sigo siendo la misma talla de ropa que hace 25 años, tengo una excelente memoria, me siento llena de energía y de pasión por la vida y dispuesta a enamorarme una vez más.

Durante estos 4 años, entre la primera y la segunda parte he seguido investigando, experimentando y viviendo; por lo que puedo confirmar en estos momentos que cada ser humano determina su realidad, construye su presente. Además, en este tiempo, me certifiqué como coach (aprovecho para hacerme un comercial), y de esa forma cristalicé mi vocación aparentemente frustrada, de ser psicóloga y aunque por supuesto, el coaching no es una terapia, sirve para apoyar a las personas para que descubran su verdadero potencial y conviertan sus sueños en una realidad tangible, encuentren sus propias respuestas y   aprecien su valor real,  así que estoy a tu disposición.

Muchas cosas quiero hoy compartir contigo, y bueno, lo haré.  a partir de hoy, elijo comenzar una serie de artículos encaminados a compartir, agradecer y aprender. compartir mi experiencia de más de medio siglo (que no es cualquier cosa!), compartir mi corazón, lo que soy; agradecer, a Dios, al universo, a la vida, todo lo que vivo (soy realmente afortunada y me declaro bendecida siempre); aprender, porque pienso y siento que esa es realmente la finalidad de estar aquí y AHORA y que no importa lo que haya sido ayer, precisamente hoy, aquí y ahora, en el maravilloso presente, está el momento de vivir y ser, de elegir, de renacer.  lo que quiero decirte es que, si va a ser, depende de ti, tú decides, tu creas, tu construyes…

Bueno amiga (amigo) querida (querido), gracias por permitirme entrar en tu vida, gracias por esta posibilidad que se abre en este mágico momento, en este mágico espacio, de comunicarnos, compartir, agradecer y aprender juntas y juntos, jajaja.

Tercera parte (69 años)

 Wow… Han pasado ya 15 años de haber escrito la primera parte de este artículo.

¡Me impresiona!

Puedo decir, que en estos 15 años (11 desde la segunda parte), he seguido disfrutando de estar conmigo, he aprendido realmente a estar conmigo y sigo estando en perfecto estado de salud, física y emocional… ¡Claro! Con esto no pretendo decir que siempre estoy en bienestar y que ya me encuentro en un nivel superior… ¡por supuesto que no! Estoy en donde estoy en mi propio proceso y comprometida a insistir, insistir, insistir, cuantas veces sea necesario, para regresar al lugar en el que quiero estar y resolver lo que sea que sea.

En fin, este artículo habla de la famosa menopausia y sus repercusiones en mi vida. Yo puedo decir que, para mí, no ha habido repercusión alguna y que sigo teniendo energía, fortaleza y salud, disfruto de mi edad, abrazo los cambios físicos que se presentan y, finalmente, sigo pensando que la edad, es un numerito en la credencial de elector y en el acta de nacimiento: lo importante es cómo me siento yo conmigo, cómo te sientes tú contigo. (Ahora resulta jajajaja que soy estudiante de Psicología y me parece maravilloso).

¿Quieres saber más? Escríbeme, aquí estoy, soy tu amiga y para mi es ya una inmensa alegría, compartir contigo lo que pienso, siento y soy. Gracias por leerme. Te abrazo con mi corazón, que es el tuyo, mujer divina, hombre divino (si eres tú el que lee). ¡Gracias!

ACEPTACIÓN Y RENDICIÓN – Eckhart Tolle

¿PUEDES SENTIR LO DOLOROSO QUE ES OPONERSE INTERNAMENTE A LO QUE ES?

Cuando reconoces este hecho, también te das cuenta de que ahora eres libre de renunciar a este conflicto fútil, al estado interno de guerra.

Si verbalizaras tu realidad del momento, ¿cuántas veces al día tendrías que decirte: «No quiero estar donde estoy»?

¿Cómo te sientes cuando no quieres estar donde estás: en el embotellamiento, en tu puesto de trabajo, en la sala de espera del aeropuerto con la gente que te acompaña?

Sin duda es cierto que lo mejor que se puede hacer en ciertos lugares es salir de ellos, y a veces eso es lo más apropiado. No obstante, en muchos casos, no tienes la opción de irte. En esas situaciones, el «no quiero estar aquí», además de inútil, es disfuncional. Te hace infeliz y hace infelices a los demás.

Ha sido dicho: dondequiera que llegues, allí estás. En otras palabras: estás aquí. Siempre. ¿Es tan duro de aceptar?

¿Realmente necesitas etiquetar mentalmente cada percepción sensorial y cada experiencia? ¿Necesitas tener esa relación reactiva de gusto o de disgusto ante la vida, que te lleva a estar continuamente en conflicto con personas y situaciones? ¿O se trata únicamente de un hábito mental profundamente arraigado que puedes romper? Sin hacer nada en particular; simplemente, dejando que este momento sea como es.

«ESTÁS AQUÍ. SIEMPRE. ¿ES TAN DURO DE ACEPTAR?»

El «no» habitual y reactivo fortalece el ego. El «sí» lo debilita. Tu identidad en la forma, el ego, no puede sobrevivir a la rendición.

«Tengo muchas cosas que hacer.» Sí, pero ¿cuál es la calidad de tu hacer? Conducir yendo al trabajo, hablar con los clientes, trabajar en el ordenador, hacer recados, atender las innumerables cosas que constituyen tu vida… ¿Hasta qué punto eres total en lo que haces? ¿Es tu acción una rendición o una resistencia? Esto es lo que determina el éxito que consigues en la vida, no la cantidad de esfuerzo que pongas. El esfuerzo implica estrés, tensión, necesidad de alcanzar cierto punto en el futuro o de conseguir algún resultado.

¿HASTA QUÉ PUNTO ERES TOTAL EN LO QUE HACES?

¿Puedes llegar a detectar en tu interior la más leve sombra de no querer estar haciendo lo que estás haciendo? Eso es una negación de la vida, y por ello no puedes conseguir un resultado verdaderamente exitoso.

Si has sido capaz de detectar esa negación en ti ¿puedes también dejarlo y ser total en lo que haces?

«Hacer una cosa cada vez»; así es como un maestro Zen definió la esencia del Zen.

Hacer una cosa cada vez significa ser total en lo que haces, prestarle toda tu atención. Eso es acción rendida, acción poderosa.

Tu aceptación de lo que es te lleva a un nivel más profundo, donde tanto tu estado interno como tu sentido del yo no dependen ya de que la mente los juzgue «buenos» o «malos».

Cuando dices «sí» a la vida tal como es, cuando aceptas este momento como es, puedes sentir dentro de ti un espacio profundamente pacífico.

Superficialmente puedes seguir sintiéndote feliz cuando hace sol y menos feliz cuando llueve; puedes sentirte feliz si ganas un millón de euros e infeliz si pierdes todas tus posesiones. Sin embargo, la felicidad y la infelicidad ya no calan tan hondo. Son olas en la superficie de tu Ser. La paz de fondo que hay dentro de ti permanece inmutable en cualesquiera que sean las condiciones externas.

El «sí a lo que es» revela una dimensión de profundidad en ti que no depende ni de las condiciones externas ni de la condición interna de los pensamientos y emociones en constante fluctuación.

La rendición se vuelve mucho más fácil cuando te das cuenta de la naturaleza efímera de todas las experiencias, y de que el mundo no puede darte nada de valor duradero. Entonces sigues conociendo gente, sigues teniendo experiencias y participando en actividades, pero sin los deseos y miedos del ego. Es decir, ya no exiges que una situación, persona, lugar o suceso te satisfaga o te haga feliz. Dejas ser a su naturaleza pasajera e imperfecta.

PERMITE QUE SE EXPRESE ESTE MOMENTO TAL COMO ES. ESO ES SUFICIENTE.

Y el milagro es que, cuando dejas de exigirle lo imposible, cada situación, persona, lugar o suceso se vuelve no sólo satisfactorio, sino también más armonioso, más pacífico.
Cuando aceptas este momento completamente, cuando ya no discutes con lo que es, el pensamiento compulsivo mengua y es remplazado por una quietud alerta. Eres plenamente consciente, y sin embargo la mente no pone ninguna etiqueta a este momento. Este estado de no-resistencia interna te abre a la conciencia incondicionada, que es infinitamente mayor que la mente humana.

Entonces esta vasta inteligencia puede expresarse a través de ti y ayudarte, tanto desde dentro como desde fuera. Por eso, cuando abandonas la resistencia interna, a menudo descubres que las circunstancias cambian para mejor.

¿Estoy diciendo: «Disfruta este momento. Sé feliz»? No.

Permite que se exprese este momento tal como es. Eso es suficiente.

Rendirse es rendirse a este momento, no a una historia a través de la cual interpretas este momento y después tratas de resignarte a él.

Por ejemplo, puede que estés tullido y que ya no puedas caminar. Tu estado es lo que es.

Tal vez tu mente esté creando una historia que diga: «A esto se ha reducido mi vida. He acabado en una silla de ruedas. La vida me ha tratado con dureza, injustamente. No me merezco esto.»

¿Puedes aceptar que este momento es como es y no confundirlo con la historia que la mente ha creado a su alrededor?

LA RENDICIÓN LLEGA CUANDO DEJAS DE PREGUNTAR; «¿POR QUÉ ME ESTÁ PASANDO ESTO A MÍ?»

Incluso en las situaciones aparentemente más inaceptables y dolorosas se esconde un bien mayor, y cada desastre lleva en su seno la semilla de la gracia.

A lo largo de la historia, siempre ha habido mujeres y hombres que, cuando tuvieron que hacer frente a grandes pérdidas, enfermedades, prisión o muerte inminente, aceptaron lo aparentemente inaceptable, y así hallaron «la paz que supera toda comprensión».

La aceptación de lo inaceptable es la mayor fuente de gracia en este mundo.
Hay situaciones en las que todas las respuestas y explicaciones fracasan. La vida deja de tener sentido. O alguien que está pasando un apuro viene a pedirte ayuda, y tú no sabes qué decir ni qué hacer.

Cuando aceptas plenamente que no sabes, renuncias a esforzarte por encontrar respuestas con la mente pensante y limitada, y es entonces cuando una inteligencia mayor puede operar a través de ti. En ese instante, hasta el pensamiento puede beneficiarse, porque la inteligencia mayor puede fluir a él e inspirarlo.
A veces, rendición significa renunciar a tratar de comprender y sentirse cómodo en el desconocimiento.

¿Conoces a ese tipo de persona cuya principal función en la vida parece ser la de ser desgraciada y hacer desgraciados a los demás, la de extender la in-felicidad? Perdónales, porque ellos también forman parte del despertar de la humanidad. Representan una intensificación de la pesadilla de la conciencia egótica, del estado de no-rendición. En su función no hay nada personal. Ellos no son eso.

Uno podría decir que rendirse es la transición interna de la resistencia a la aceptación, del «no» al «sí».

«LA ACEPTACIÓN DE LO INACEPTABLE ES LA MAYOR FUENTE DE GRACIA EN ESTE MUNDO.»

Cuando te rindes, tu sentido del yo pasa de estar identificado con una reacción o juicio mental a ser el espacio que rodea a la reacción o al juicio. Es pasar de identificarte con la forma -el pensamiento o emoción- a ser y reconocerte como aquello que no tiene forma, la conciencia espaciosa.

Lo que aceptes completamente te hará sentirte en paz, incluyendo la aceptación de que no puedes aceptar, de que te estás resistiendo.

Deja la Vida en paz. Déjala ser.

ECKHART TOLLE

Otoño: El símbolo perfecto del desapego

Por José María Toro

Otoño: tiempo de soltar, de confiar y de quedar desnudos ante el universo, como lo hacen nuestros grandes maestros los árboles .
Y sigo escuchando a las hojas otoñales que al caer me susurran: ¡Suelta! ¡Entrega! ¡Confía! ¡Fluye! La Vida es Ahora.

«LAS HOJAS NO CAEN, SE SUELTAN»
«Siempre me ha parecido espectacular la caída de una hoja.
Ahora, sin embargo, me doy cuenta que ninguna hoja “se cae” sino que llegado el escenario del otoño inicia la danza maravillosa del soltarse.
Cada hoja que se suelta es una invitación a nuestra predisposición al desprendimiento. Las hojas no caen, se desprenden en un gesto supremo de generosidad y profundo de sabiduría:
la hoja que no se aferra a la rama y se lanza al vacío del aire sabe del latido profundo de una vida que está siempre en movimiento y en actitud de renovación.
La hoja que se suelta comprende y acepta que el espacio vacío dejado por ella es la matriz generosa que albergará el brote de una nueva hoja.
La coreografía de las hojas soltándose y abandonándose a la sinfonía del viento traza un indecible canto de libertad y supone una interpelación constante y contundente para todos y cada uno de los árboles humanos que somos nosotros.
Cada hoja al aire que me está susurrando al oído del alma: ¡suéltate!, ¡entrégate!, ¡abandónate! y ¡confía!. Cada hoja que se desata queda unida invisible y sutilmente a la brisa de su propia entrega y libertad.
Con este gesto la hoja realiza su más impresionante movimiento de creatividad ya que con él está gestando el irrumpir de una próxima primavera.
Reconozco y confieso públicamente, ante este público de hojas moviéndose al compás del aire de la mañana, que soy un árbol al que le cuesta soltar muchas de sus hojas.
Tengo miedo ante la incertidumbre del nuevo brote.¡Me siento tan cómodo y seguro con estas hojas predecibles, con estos hábitos perennes, con estas conductas fijadas, con estos pensamientos arraigados,con este entorno ya conocido…
Quiero lanzarme a este abismo otoñal que me sumerge en un auténtico espacio de fe, confianza, esplendidez y donación.
Sé que cuando soy yo quien se suelta, desde su propia consciencia y libertad, el desprenderse de la rama es mucho menos doloroso y más hermoso.
Sólo las hojas que se resisten, que niegan lo obvio, tendrán que ser arrancadas por un viento mucho más agresivo e impetuoso y caerán al suelo por el peso de su propio dolor».

De Víctima a Responsable de tu Vida

Por: Estibaliz Soriano Portilla

Habitualmente, escuchamos decir a la gente que nos rodea, sobre todo, tras un mal día en el trabajo, en la escuela o en cualquier otra circunstancia cotidiana, frases como «me hicieron sentir tan mal…», «me vuelven loco…» o «mi jefe me saca de mis casillas…» ¿Te suena? Sí, estas son frases muy habituales, casi cotidianas para algunas personas. Lo más curioso de todo, es que es algo que se repite a lo largo y ancho de nuestro planeta, da igual la raza, la religión o simplemente el país en el que nos encontremos, porque siempre vamos a escuchar en boca de muchos, este tipo de mensaje, mensaje en el que se deja ver, que los demás son los culpables de nuestros sentimientos.
La culpa, puede ir dirigida al exterior, con el objeto de castigar al otro por lo que ha hecho, o hacia el interior de uno mismo, en cuyo caso, estamos hablando de sentirnos con culpa por algo que creemos haber hecho mal. La conciencia de culpa, eso que los creyentes llaman pecado, es en muchos casos inconsciente; se podría decir de la culpa que es una “enfermedad silenciosa” del psiquismo, ya que puede afectar al sujeto, sin que él la perciba o tenga noticias de ella. La culpa es estática, paraliza, nos bloquea e impide que modifiquemos nuestro actuar. Por contra, la responsabilidad es dinámica, nos ayuda a buscar objetivos, nos ayuda a plantearnos qué podemos cambiar en nuestro comportamiento, para actuar de otra manera. Esta es la diferencia, esta es la clave de transitar por la vida como víctimas, o como personas activas que buscan cómo conseguir lo que quieren para su vida.

Enfoque exterior, origen del sufrimiento

Cuando dirigimos el enfoque de nuestra vida hacia el exterior, cuando estamos continuamente preocupados de lo que hace ese compañero del trabajo, que tanto nos molesta; ese vecino, que creemos que está enfadado con nosotros por no sé qué cosa; ese amigo, que siempre se las da de listo, etc., lo único que en realidad estamos haciendo, es dejando la responsabilidad de lo que está ocurriendo a todos y cada uno de ellos, les estamos “dando el poder” de que manejen a su antojo nuestros pensamientos, por tanto nuestras emociones y como resultado nuestra vida…¿no les parece incoherente?
En este proceder, nos desconectamos por completo de nuestro centro de gravedad interior, nos descompensamos, sentimos que hay una injusticia muy grande en todo lo que nos rodea. Damos algo y esperamos que se nos retribuya, según nuestros parámetros. Damos amor a una pareja o a un hijo, y esperamos amor de vuelta en las mismas proporciones. Damos cariño y apoyo a un amigo que lo está pasando mal, en un momento complicado para él y el día que nosotros estamos mal, nos ponemos aún más tristes porque ese amigo no respondió según lo que nosotros esperábamos.

Esto es por una sencilla razón, actuamos desde la necesidad, desde la carencia. En realidad, no tenemos amor ni cariño, en cantidad suficiente dentro de nosotros y estamos dando un poquito, una carnada, para que los otros nos llenen de vuelta, con el amor que necesitamos. Estoy esperando que los demás me amen, me den cariño, me apoyen y me reconozcan, porque no soy capaz de amarme, darme cariño, apoyarme ni reconocerme yo en primer lugar.

Por eso es que estamos continuamente buscando todo eso afuera, para cubrir las necesidades internas que creemos tener. Esto genera un gasto energético increíble, nos desgasta y frustra, porque no se cubren nuestras expectativas.

La paz viene del interior, no la busques afuera

Lo más importante de todo, es que comprendas que atraemos con nuestra mente situaciones, personas, circunstancias, etc, que están en la misma vibración que nuestros pensamientos. Si continuamente, estamos pensando en que todo nos va mal y que apesta en nuestra vida o que nosotros no valemos lo suficiente, eso es precisamente lo único que vamos a atraer. Hasta el momento en el que comprendamos el aprendizaje que lleva inserto, cada una de estas vivencias, se nos repetirán una y otra vez. Ejemplos de esto podemos ver muchos: mujeres a las que siempre se les acercan el mismo tipo de hombres para compartir su vida y con los que sufren un verdadero infierno, personas que siempre les acaban echando del trabajo y no saben por qué, otros que siempre tienen mala suerte con el dinero o los negocios…

Nos conviene, encontrar la razón por la cual se nos están presentando estas circunstancias y extrapolarnos de la circunstancia en sí. Debemos cambiar la pregunta ¿por qué a mí? por ¿para qué a mí? Cada vez que nos preguntemos esto, ante un hecho concreto que nos esté haciendo sufrir en primera instancia, estaremos agarrando las riendas de nuestra vida, analizando el hecho, aprendiendo algo de la situación y haciéndonos un poquito más fuertes interiormente. Estaremos viéndolo desde nuestro centro, siendo conscientes de que podemos tener un papel principal en nuestra vida, siendo capaces de movernos, de salir del agujero.

Si vamos llenando nuestra bolsita interior, con cada uno de estos aprendizajes que concluyamos, de las experiencias que nos presenta el universo, nos iremos haciendo cada vez más fuertes, cada vez estaremos más seguros de nosotros mismos, cada vez nos sentiremos más plenos. Poquito a poco dejaremos de lado las expectativas hacia el actuar ajeno y, por tanto, dejaremos de sufrir. Sólo entonces daremos sin esperar nada a cambio, ya que no necesitaremos nada, estaremos plenos.

LOS CINCO MIEDOS QUE ALGUNOS SERES HUMANOS COMPARTEN Por Alba Ramos Sanz

Todos tenemos miedos y la mayor parte de ellos, nacen de ideas compartidas por la gran mayoría de nosotros. Reconocerlos y encontrar su raíz es el primer paso para acabar con ellos
El miedo, según el DRAE, “es aquella perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario” y, es una emoción común a todos los seres humanos. “Algunos de nuestros miedos, por supuesto, tienen un valor de supervivencia básica. Otros, sin embargo, son reflejos que pueden ser debilitados o reaprendidos”, explica el doctor en psicología Karl Albrecht.
Esta sensación de ansiedad, causada por nuestra anticipación de algún evento o experiencia imaginada, es una reacción biológica de nuestro cuerpo ante un conjunto de señales que interpreta como temerosas. Y el sentimiento de aprensión, es similar ya temamos ser mordidos por un perro o que Hacienda nos cuestione en la declaración de impuestos.
El presidente Franklin Roosevelt, afirmó que “la única cosa a la que debemos temer, es al miedo mismo” y, como comenta Albrecht casi en formato trabalenguas, “el miedo al miedo probablemente causa más problemas en nuestras vidas que el miedo en sí mismo”.
El director de cine Woody Allen, bromea con este sentimiento de angustia y aprensión humanizándolo: “El miedo es mi compañero más fiel, jamás me ha engañado para irse con otro”. Y es que todos tenemos miedos y la mayor parte de ellos nacen de ideas compartidas por una gran mayoría de personas.

De lo que no conviene tener miedo, es de identificarlos, porque sólo cuando sabemos de dónde provienen, es cuando podemos empezar a manejarlos. Con o sin ayuda de profesionales, ser conscientes de nuestros temores y encontrar la raíz de los mismos, es el primer paso para acabar con ellos.
Albrecht recoge en Psychology Today los cinco miedos básicos, de los cuales nacen, casi todo el resto de nuestros temores:

1. Miedo a la muerte
El miedo a ser aniquilados y dejar de existir, más comúnmente conocido como miedo a la muerte, proviene de una sensación primaria de todos los seres humanos por la supervivencia.
De este miedo se derivan otros muchos temores generalizados, como el miedo a las alturas, el pánico a los viajes en avión o diferentes fobias, relacionadas con la extinción de nuestras vidas. Sensaciones de pánico ante circunstancias asociadas a fatales consecuencias, que supongan el fin de nuestras vidas.

2. Pérdida de autonomía
El miedo a ser inmovilizados, paralizados, restringidos, sometidos, atrapados, encarcelados o controlados por circunstancias que aparenten estar fuera de nuestro control.
En su reacción física se le conoce comúnmente como claustrofobia, pero también se extiende a otras reacciones psicológicas relacionadas con las interacciones y comportamientos sociales. De hecho, como explica Albrecht, “el conocido como ‘miedo al compromiso’ es básicamente el temor a perder la autonomía”.
Pensar en si hay luz del final del túnel o en el más allá ayuda a algunas personas, a hacer frente al miedo a la muerte.

3. La soledad
Totalmente contrapuesto al anterior, este miedo se relaciona con el pánico al abandono, al rechazo o a sentirnos despreciados. La pérdida de conexión con el mundo genera sensaciones de angustia ante la posibilidad de convertirnos en una persona no querida a la que nadie respete ni valore.
Los miedos básicos se muestran a través de nuestras reacciones compartidas ante las circunstancias de la vida. Los celos y la envidia, por ejemplo, expresan el miedo a la separación o la devaluación de uno como persona: “se va a ir con otra persona y: a) me voy a quedar solo; o b) lo hace porque yo no merezco la pena”.

4. Miedo a la mutilación
“Se trata del temor de perder cualquier parte de nuestra estructura corporal, la idea de tener límites en la movilidad de nuestro cuerpo o de perder la integridad de cualquier órgano, parte del cuerpo, o la función natural”, resume el psicólogo experto en el estudio de los comportamientos cognitivos y las habilidades del pensamiento humano.
La pérdida de conexión con el mundo genera sensaciones de angustia
La sensación de ansiedad al estar cerca de animales venenosos o considerados peligrosos, como insectos, arañas o serpientes, así como tener fobia a otras cosas o situaciones que puedan suponer un daño físico como trabajar o exponernos a sierras mecánicas, hachas o machetes, o a estar en medio de una catástrofe natural.
Igualmente, los derivados del miedo a la muerte como el vértigo, el temor a morir ahogados o cualquier otro que sea un riesgo para nuestra integridad física, está relacionados con el miedo a perder o dañar alguna parte de nuestro cuerpo.

5. Daños y perjuicios a esa parte de la mente conocida como ego
El miedo a sentirnos humillados, pasar vergüenza o cualquier otra situación de profunda desaprobación que amenace la pérdida de la integridad del ser (también conocida como muerte del ego).
El miedo al rechazo o el temor que sienten muchas personas a hablar en público, están relacionados con esta angustia generalizada a la aniquilación de nuestro ego.

El miedo, es un compañero inseparable del ser humano, lo que hace la diferencia, es quién tiene a quién…
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DERECHOS ASERTIVOS

La asertividad, parte de la idea de que todo ser humano, tiene ciertos derechos:
1. Derecho a ser tratado con respeto y dignidad.
2. En ocasiones, derecho a ser el primero.
3. Derecho a equivocarse y a hacerse responsable de sus propios errores.
4. Derecho a tener sus propios valores, opiniones y creencias.
5. Derecho a tener sus propias necesidades y que éstas sean tan importantes como las de los demás.
6. Derecho a experimentar y a expresar los propios sentimientos y emociones, haciéndonos responsables de ellos.
7. Derecho a cambiar de opinión, idea o línea de acción.
8. Derecho a protestar, cuando se es tratado de una manera injusta.
9. Derecho a cambiar lo que no nos es satisfactorio.
10. Derecho a detenerse y pensar antes de actuar.
11. Derecho a pedir lo que se quiere.
12. Derecho a ser independiente
13. Derecho a superarse, aun superando a los demás.
14. Derecho a que se le reconozca un trabajo bien hecho.
15. Derecho a decidir qué hacer con el propio cuerpo, tiempo y propiedades.
16. Derecho a hacer menos, de lo que humanamente se es capaz de hacer.
17. Derecho a ignorar los consejos de los demás.
18. Derecho a rechazar peticiones sin sentirse culpable o egoísta.
19. Derecho a estar solo, aun cuando otras personas deseen nuestra compañía.
20. Derecho a no justificarse ante los demás.
21. Derecho a no anticiparse a las necesidades y deseos de los demás.
22. Derecho a no estar pendiente, de la buena voluntad de los demás.
23. Derecho a elegir entre responder o no hacerlo.
24. Derecho a sentir y expresar el dolor.
25. Derecho a hablar sobre un problema con la persona implicada y, en los casos límite en los que los derechos de cada uno no están del todo claros, llegar a un compromiso viable.
26. Derecho a no comportarse de forma asertiva o socialmente hábil.
27. Derecho a vulnerar, de forma ocasional, algunos de los derechos personales.
28. Derecho a hacer cualquier cosa, mientras no se violen los derechos de otra persona.
29. Derecho a tener derechos.
30. Derecho a decidir si uno quiere o no, responsabilizarse de los problemas de otros.
31. Derecho a renunciar, o a hacer uso de estos derechos.

Lo que hago, no cambia lo que Soy. Reyna Amaya

Cuando digo que «Lo que hago, no cambia lo que soy», me refiero a que, en esencia Soy/Eres el Hijo de Dios y eso no va a cambiar…. Dios me sigue/te sigue viendo, tal como me/te creó. Ningún comportamiento humano, cambia eso.
Cuando digo que voy a la Penitenciaría a ver al Hijo de Dios, a eso me refiero.
Todos salimos del mismo lugar… no hay un «lechero cósmico» (chiste local), TODOS somos el Hijo de Dios y tampoco, hay «Hijos del Ego» el tal ego, no tuvo hijos… (esto lo comentó alguna vez uno de los chicos del Norte (del reclusorio, no de Monterrey jajaja y eso fue lo que le respondí).

Es posible que no me guste/te guste el comportamiento de alguien y, si es un cercano, conviene marcar límites. Sin embargo, detrás de ese vestido humano, también está un Ser de Luz y Amor, el Hijo de Dios.

Lo que hago, no cambia lo que soy, me/te libera de la culpa y me/te lleva a hacerme/te responsable de cada acción y de su resultado.
El trabajo, desde la parte humana, en consciencia o no (quiere decir, dándome/dándote cuenta o no, es comportarme/comportarme como quien soy/eres y, ante ese resultado o consecuencia de mi acción o acciones, preguntarme:  ¿ahora qué, hago con ésto que es?

Cuando una persona dice: «quiero ser un mejor ser humano»:

1. Habla de «convertirse en un mejor humano»; el Ser, la Esencia, ya es perfecta.
2. En realidad lo que quiere decir, es que algunos (o muchos) aspectos de su comportamiento, no muestran quien realmente es.
3. Yo me pregunto: Si quiere ser un «mejor» humano, ¿quiere decir que ahora es peor?
4. Si! Por supuesto! El objetivo aquí, durante esta experiencia de vida, es encontrar la manera de expandir la consciencia, evolucionar, crecer, etc. etc.
Hechos a imagen y semejanza de Dios, no se refiere, obviamente, al cuerpo; se refiere a los atributos que a Dios, la Fuente, la Divinidad, el Universo (como se le quiera llamar) y eso que viene «en el paquete de inicio» , seguirá estando ahí, lo reconozca o no lo reconozca, lo manifieste o no lo manifieste. Entre otros muchos, esos atributos son: Amor, Paz, Luz, Libertad, Completud, Bondad, Belleza y muchos, muchos más.

Una vez más, este es mi punto de vista, no pretendo convencerte de nada, no me interesa. Comparto contigo mi certeza, desde el Amor, el Respeto y la Responsabilidad.

Yo soy tú y te amo!

De las creencias y el crecimiento interior. Por Reyna Amaya

¿Soy/eres consciente de todas mis/tus creencias? Por supuesto que no.
¿De dónde surgen? De la familia, de la escuela, la sociedad, el país en el que una persona nace.
¿Se eligen? Desde mi punto de vista, se aceptan… después, ya pueden ser elegidas, a partir de la consciencia una vez más, de darme cuenta de si me funcionan o no y decidir cambiarlas.
¿Por qué son tan importantes las creencias? Porque determinan la manera en la que pienso, siento, digo, hago, me relaciono, vivo, lo que tengo o no tengo, lo que acepto o no acepto, mis resultados (obviamente) y me puedo seguir y no termino; mis valores, mis principios, mis preferencias, determinan si vivo mi experiencia de vida, desde la obligación o desde la responsabilidad.
Llegamos a ese punto… ¿soy responsable de lo que creo? Sí!!! De lo que hago con lo que creo.
Como lo escribí esta mañana, quizás no siempre soy responsable de lo que siento (aunque yo diría que sí), de lo que SIEMPRE soy responsable, es de lo que hago con lo que siento.
¿Cambiar creencias es fácil o difícil? Depende de lo que tú creas, de lo que yo crea y depende de la creencia… todo son creencias, no podría yo asegurar que tengo la razón, tengo mi razón, mi razón para creer lo que creo, por ahora. y eso me permite estar abierta a modificar mis creencias, y no se trata de que sean sólidas o no, se trata de que sean sostenibles para mí, partiendo de que lo que busco y encuentro en mi experiencia de vida, es el bienestar.

Si yo pienso que mis creencias me tienen… es una creencia. Parecería entonces, que las creencias son entes, que se instalan por su cuenta y que es imposible desalojarlos. Si yo me abro a la posibilidad de que sí puedo cambiarlas, encuentro el camino, mi camino, mi sistema. Dos creencias opuestas no pueden ocupar un mismo espacio. Puedo creer, se me ocurre ahora, que el cielo es azul o que el cielo es rojo. puedo creer y saber, que en ocasiones el cielo se ve azul o se ve gris o rojo, dependiendo de factores diversos.
Una creencia puede definirse (en esta creencia de que todo “debe” ser definido para poderlo entender – en ocasiones así es, en otras no -) de muchas maneras: una creencia es, como dijo mi querido amigo Víctor, un supuesto que se da, por cierto, una idea que se hizo tan sólida a través de otras ideas, que se convirtió en una creencia, una regla, un paradigma, un decreto.
De acuerdo a la filosofía, una creencia es el estado de la mente en el que un individuo supone verdadero el conocimiento o la experiencia que tiene acerca de un suceso o cosa; cuando es objetiva, el contenido de la creencia presenta una proposición lógica, y puede expresarse mediante un enunciado lingüístico como afirmación.
¿Qué son las creencias? La creencia ha sido considerada como la forma más simple de contenido mental representativo en la formación del pensamiento. creer en.… que, a su vez tiene dos formas diferentes: creer en una persona, en el sentido de «confianza» o «seguridad en ella»: me fío de… Creo en su habilidad para hacer tal cosa.

Definición ABC
Una creencia es aquello en lo que creemos fielmente, o también puede ser la opinión que alguien dispone en relación a algo o alguien. Estos son los dos usos que le atribuimos a este concepto en nuestra lengua.
Lo que creemos acerca de las cosas, normalmente nos surge de la experiencia adquirida en la vida, y hace que creamos que tal cosa se produce por esto o por aquello, o que es el resultado de tal accionar. También, lo que elegimos creer sobre algo o alguien, puede estar determinado por la influencia que hayamos recibido, de un modelo cercano. Es, decir, si nuestra madre nos dice todo el tiempo cuando somos chicos, que la pelea nunca conduce a nada y que, por el contrario, debemos inclinarnos por el diálogo para resolver las cosas, entonces, tenderemos a creer, que los problemas solamente se resuelven a través de la charla, convirtiéndose en una férrea creencia; así muchas veces surgen las creencias, que se vuelven indestructibles a lo largo de la vida.

¿Qué es un sistema de creencias?
El sistema de creencias, es lo que opinamos sobre nosotros mismos, sobre los demás y sobre el mundo y la vida. Todo ese conjunto de creencias, constituye nuestro paradigma personal.
El paradigma nos sirve de lente para interpretar la realidad. crea un filtro y en base a éste tomamos decisiones, nos conducimos por el mundo y nos influye en cómo nos sentimos y pensamos en todos los momentos del día. Son los valores sobre las cuales hemos decidido inconsciente o conscientemente, vivir nuestra vida.

Más: El conjunto de creencias, conforme al cual rijo mi vida. Conjunto de creencias que he ido estructurando a lo largo de mi experiencia de vida y que, de acuerdo a mi punto de vista, puedo modificar en cualquier momento, si es que me doy cuenta de que, en realidad, no me funciona.

El Crecimiento interior lo relaciono con esta posibilidad de abrir mi consciencia; esto es, darme cuenta, de una manera más amplia quizás; ampliar mi criterio, aprender a cuestionarme a mí misma si lo que creo, si eso en lo que creo, es funcional o disfuncional para mí.
Tomar las riendas de mi vida… decidir, elegir, atreverme, acertar, equivocarme, porque ninguna decisión está garantizada, seguir con lo que sigue, esto es, sin regresar al pasado pretendiendo cambiarlo, sintiendo culpa o nostalgia, contaminando el presente con eso que ya no está aquí, ni tampoco sentir angustia por el futuro y pensar en lo irremediable.

Quizás muy sencillo decirlo y no tanto llevarlo a cabo… es un trabajo de vida. Es un trabajo permanente, mientras mi cuerpo no llegue a su fecha de caducidad. No podría yo decir nunca, que he alcanzado el máximo nivel de crecimiento interior…

No hay niveles de consciencia, eso implicaría que hay avanzados y atrasados y yo elijo y prefiero creer, que cada uno y cada una va donde va y es perfecto. No hay prisa… considero que hago el mismo trabajo que hacen los demás; también a veces tengo miedo, a veces me preocupo, a veces pienso que no hay solución y luego me doy cuenta de que si, por supuesto que hay solución. Avanzo aquí y ahora, me detengo aquí y ahora, no retrocedo, no existe atrás. Sé que ya no puedo salir de esta mafia de la consciencia, que ya no puedo decir: ¡oh, no me di cuenta, no supe lo que hacía! Además, me parece demasiado cansado hacer eso… arrepentirme, culparme y luego culpar a otro o a las circunstancias o a la vida de lo que “me pasó”. Prefiero asumir la responsabilidad.

Así que, otra vez, podría decir que crecimiento interior, para resumirlo, es tomar, o asumir, mejor dicho, la responsabilidad absoluta de mí, de mis creencias, pensamientos, emociones, de lo que digo, de lo que hago con lo que siento, de mis resultados. Encontrar apoyo cuando lo requiero, resolver, dirigirme a mi bienestar ecológico una y otra vez, desde mi única certeza, la certeza de Dios en mí.
Tema delicado que toco y suelto, las creencias religiosas. Mis padres fueron, en un principio, católicos (mamá se volvió cristiana después). De pequeña, para mí fue toda una ilusión hacer la primera comunión con mi hermosísimo vestido blanco (por ahí tengo la foto), después, mi familia no fue muy dada a ir a misa todos los domingos, no había tiempo, fue una etapa un tanto ajetreada, conflictos entre mis padres, salir de México, ir a NY luego a Cuba, a la Habana, a Camagüey, regresar. Creer en Dios, supongo que desde lo aprendido, hasta que empezaron los cuestionamientos acerca de esas creencias.

Alejarme de ese dogma y luego pretender refugiarme en él, para después descubrir que no requería ir a buscar a Dios a ningún lado; declarar que esa, ahora mi única certeza, no estaba aprisionada en ninguna religión. Decir orgullosamente, creo en Dios, marca libre, Dios de amor, libre de juicio y por lo tanto de condena, que sigue viendo a su Hijo, más allá de los comportamientos humanos, tal como él lo creo, a su imagen y semejanza, amor, luz, perfección. Es una elección, es una preferencia que desafía lo aprendido, desafía lo que a veces se piensa que es heredado.

Yo puedo hablar de lo que he experimentado, no puedo hablar de lo que otros han vivido, al menos, no con autoridad. no juzgo, aprendo a no juzgarme.

Insisto, este trabajo continuo, este buscar – encontrar – responsabilidad – compromiso – respeto – congruencia – humildad – es lo que yo llamo crecimiento interior.

Somos seres espirituales, viviendo una experiencia física, y sólo, de acuerdo a mi punto de vista, una vez más, puedo llegar a ese equilibrio interior, cuando sé, que soy un ser unificado, más allá de los conflictos humanos en los que me meto y de los que me saco, en este continuo… crecimiento interior.

10 claves para el crecimiento interior

1. Reconoce tus fortalezas, reconoce todas las herramientas que ya tienes para salir delante de cualquier situación.
2. Acepta el cambio como generador de crecimiento.
3. Gestiona tus emociones. Permítete sentir lo que sientas, asume la responsabilidad y elige qué hacer con eso que sientes.
4. Cesa en la búsqueda de aprobación. Empieza por aprobarte tú a ti.
5. Aprende a tomar decisiones desde la certeza. Ninguna decisión está garantizada, sin embargo, tomarla y ver el resultado, te permite seguir con lo que sigue.
6. Resuelve situaciones, desde la certeza de que tienes los recursos para hacerlo, por Derecho Divino.
7. Aprende de los “errores” y experiencias, libre de arrepentimiento y/o culpas.
8. Deja de auto compadecerte. En “el rincón de las víctimas”, como domicilio permanente, no hay nada para ti.
9. Cuestiónate internamente. ¿Qué quieres, qué quieres y qué más quieres?
10. Hazte preguntas y encuentra las respuestas que ya están en tu interior.

 

 

Decidir o no decidir… esa es la cuestión Reyna Amaya

Decidir, viene del verbo latino ‘dēcīdĕre’ que significa ‘separar cortando’, ‘cortar’, ‘restar’, ‘acabar’, ‘zanjar’, dicho verbo se compone del prefijo ‘de-‘ (de-, dis-) que indica separación y del verbo ‘caedĕre’ que significa ‘pegar’, ‘cortar’, ‘talar’, ‘romper’ y… ‘matar’… voy a matar alternativas… y con eso de que el miedo a la muerte es el miedo más grande que tienen algunos seres humanos… todo se complica. Si pienso en el nacimiento de una posibilidad, cambia el enfoque. Al final, quiere decir, cortar la posibilidad de otras alternativas, para quedarse con una sola que, por supuesto, no está garantizada, no está garantizado que esa decisión tenga el resultado deseado…

Nada es seguro, todo es posible… eso de NADA ES SEGURO, es lo que produce mucha incertidumbre. Si te centras, si me centro en la segunda parte, TODO ES POSIBLE, me arriesgo, decido y con eso, regresa la paz mental… y bueno, cuando esa decisión tenga un resultado, ya veré qué sigue. Antes, lo que puedo es elaborar un plan A, B, C y eso elimina el famoso “Y si…”

Hay personas que dicen que les cuesta mucho trabajo tomar decisiones. Sin embargo, todo el tiempo estamos tomando decisiones, desde que despertamos hasta que nos vamos a dormir. A qué hora me levanto, qué es lo primero que hago, qué desayuno, qué ropa me pongo, salgo de mi casa, qué camino tomo, etc. etc.; la lista de decisiones que se toman en un día, es muy larga. Algunas son decisiones cotidianas, que parecen no representar mayor conflicto, decisiones que tienen un resultado a corto, mediano y largo plazo. Podríamos decir que son decisiones fáciles.

Hay otras decisiones, de las que podrían considerarse “difíciles”, en donde la persona se queda como atorada y eso le causa mucha ansiedad. Ansiedad, porque contempla las opciones y tiene miedo, mucho miedo, de tomar una decisión equivocada…volvemos a que Nada es seguro, todo es posible… Mientras no tomo o tomas una decisión – acción, no vas a saber cuál es el resultado y de ahí, qué sigue. Puede que funcione como tú quieres o no. Jamás vas a poder tener en la vida, la seguridad de algo… Bueno, la muerte, desde la parte humana, es algo seguro, todos y todas, algún día, vamos a morir…y ni hablar, dependiendo de las creencias que tengas, eso será el final, o el inicio.

Fuera de eso, todo es incierto, por lo tanto, eso de que: «hasta la muerte nos separe», en realidad, sólo puedes decírtelo tú a ti, En una relación, por ejemplo,  nunca se sabe… Nada es seguro, ¡todo es posible!

Por cierto, cuando no decides, ya sea porque es algo que te causa mucho conflicto o porque decides que otro decida por ti, te tengo una noticia:¡También estás tomando una decisión! El «riesgo» es que el resultado no te guste, por lo que considero que lo mejor (salvo tu mejor opinión) es  que tomes tus propias decisiones, desde  el amor, la consciencia y la responsabilidad ( en lugar de hacerlo desde el miedo). Recuerda que tú eres el/la responsable universal de tu bienestar.

 

¿Quien Soy? Sean Covey Los 7 Hábitos de los Adolescentes Altamente Efectivos.

Soy tu compañero constante.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                Soy tu más grande ayuda, o tu más pesada carga.                                                                                                                                                                                                                                                                            Te impulsaré hacia las alturas, o te arrastraré al fracaso. Estoy completamente bajo tu mando.
De todas formas, la mitad de las cosas que hago puedes dejarlas a mi cargo y podré cumplirlas rápida y correctamente.
Es fácil lidiar conmigo: sólo es necesario que seas firme.                                                                                                                                                                                                                                               Muéstrame exactamente cómo quieres que haga las cosas, y tras unas cuantas lecciones las desarrollaré automáticamente.                                                                                                                                      Soy el sirviente de todos los grandes personajes y, ¡ay!, también de todos los perdedores.
A quienes son grandes, los hice yo así.
A los otros, los conduje al fracaso.
No soy una máquina, aunque funciono con la precisión de un mecanismo y además con la inteligencia de un humano.                                                                                                                                                Puedes hacerme funcionar para obtener ganancias o para quedar en la ruina; para mí, no hay diferencia.
Tómame, entréname, sé firme conmigo, y pondré el mundo a tus pies. Sé indulgente conmigo, y te destruiré.
¿Quién soy?


YO SOY EL HÁBITO

 

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